Mi tía la monjita

Para aquellos que no sepan quien era la tía Carmelita y para los que la vamos a extrañar.

La tía Carmelita, lectora de periódicos, resolvedora de crucigramas, tejedora de chambritas para los recién nacidos y relatora de la historia familiar. Toda una monja rebelde acapulqueña, que gustaba de la playa, de nadar y sonreír. Insistente hasta la médula de que cumplas con todos los tontos sacramentos (bautizo, primera comunión o boda). Horder de corazón, de bolas de estambre, dulces, ropa y de más cosas que cuando ya no sabía que hacer con ellas te las regalaba. Pero eso sí, aguas con maltratar a los animales porque era toda una #AnimalLover empedernida, que a la primera oportunidad rescataba a un perro, gato u ave que se le atravesara. Que ni en sus últimos días dejo de tomar esas deliciosas aguas negras del capitalismo. Viajera incansable y enfermera admirable.

Gracias tía por ayudarme a hacer la tarea, por intentar que me aprendiera las tontas tablas de multiplicar, por enseñarme a tener una consciencia social de mi país, por enseñarme a leer un periódico, por darme esos estúpidos y sensuales dulces de anís, por enseñarme a amar a los animales y a la naturaleza, por hacerme ver que la tía Chelita no era tan malvada como yo creía, por esas invitaciones a Acapulco, porque gracias a tus historias pude conocer a mi abuelo, por acompañarme cuando más sola me sentía, porque mucho de lo que soy es gracias a ti.

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